Los álamos guardan en su memoria la historia de El Calafate. A principios del siglo pasado sus frondosas copas fueron un escudo para el viento, e hicieron sentir a gusto a los primeros pobladores de este árido paraje.
En pleno centro de la ciudad, en una tierra en la que crecían abundantes ejemplares de estos árboles de madera blanca, la familia Guatti Girometti encontró, hace más de 20 años, “un pequeño paraíso” donde construir una posada con concepto de resort. Alrededor de cada uno de los edificios, el terreno llano y fértil permitió el diseño de parques. Un verde paisaje que contrasta con la estepa y se colorea con las flores del jardín, y de los maceteros colgantes que adornan las ventanas de los cuartos.
El estilo alpino determina la edificación de ladrillo y madera de lenga y algarrobo. La buena comunicación entre cada una de las áreas invita a disfrutar de los servicios: cómodas habitaciones, diversos espacios gastronómicos, salones de reuniones, spa y golf.
Luego de un día al aire libre, reconforta volver a la calidez del hotel. Una buena excursión se celebra con una cena en La Posta: un rack de cordero en salsa de rosa mosqueta o una trucha grillada con vegetales son algunos de los platos regionales que pueden saborearse. La huerta orgánica de la posada provee ingredientes tales como frutillas, verduras de hoja y hierbas aromáticas que se aplican en la preparación de los platos.
Un distintivo del hotel es el exclusivo y amplio spa y gimnasio con vista al campo de golf. Al anochecer, la piscina iluminada refleja sus variados colores en las paredes de vidrio y techos altos. Luego de un tratamiento de belleza o relax, la actividad continúa en la barra del Humus Cóctel Bar o bajando a la cava revestida en piedra y con más de 2000 etiquetas.
Durante el día, desde los ventanales de la biblioteca pueden apreciarse el cerro Castillo, la precordillera y, con el sol en lo alto, el verde esmeralda del lago Argentino. Con su sonido, las ramas de los álamos mecidas por la brisa acompañan este regalo para la vista.