Atardece en Ushuaia mientras los huéspedes disfrutan, abrigados, de los últimos minutos de sol en el deck aterrazado, frente al canal de Beagle. Bebiendo un chocolate caliente recuerdan las actividades del día: el esquí de fondo, los trineos tirados por perros y las caminatas con raquetas por la nieve. Dentro del Hotel Los Cauquenes Resort & Spa, las luces comienzan a encenderse y la calidez del hogar invita a seguir la charla alrededor del fuego. |
Con los picos de la cordillera como marco natural, este acogedor refugio elevado se destaca a pocos metros de la orilla del mar. El clima, la geografía y la arquitectura regionales marcaron la elección de los materiales de construcción. El frío se detiene en la lenga y piedra de los revestimientos exteriores. El interior se templa con los pisos de madera y telas como la pana y el corderoy en versiones coloridas. Obras de arte, artesanías en cuero y alfombras del norte, centro y sur de la Argentina son los detalles que distinguen la decoración de los cuartos y demás ambientes.
El lobby y el bar, con sus grandes ventanales, constituyen uno de los puntos de encuentro del hotel. Tanto en invierno como en verano es el lugar elegido para la lectura con el cuerpo acomodado en mullidos sillones. En busca de la contemplación, se puede optar por tomar una copa bajo el techo vidriado con una buena perspectiva de la bahía. En plan de relajación completa, la cita ideal es el spa donde, desde el hidromasaje se puede admirar una de las mejores vistas.
Una playa exclusiva seduce para caminar al sol y encontrar la fauna del lugar. Desde la costa, pueden observarse aves como ostreros del sur, albatros enormes, el petrel zambullidor y, por supuesto, una pintoresca variedad de cauquenes. Entre las rocas, abundan mejillones, cholgas y caracoles. También es posible avistar lobos marinos y hasta pingüinos.
“Un cuadro de tranquilo retiro” vio Charles Darwin en este paraje. Observó el agua cristalina, las ramas de los árboles que cuelgan sobre la playa rocosa, el valle arbolado, el puerto y los barcos anclados. Un paisaje que convenció al naturalista de que este lugar era único en el mundo. |