El perfume de las lavandas ingresa por las ventanas abiertas de la planta baja. A un lado, puede observarse la ladera del cerro, kilómetros de mágica estepa y la vista se pierde en la precordillera. Del otro, se contempla una panorámica del lago Argentino y la ciudad. En este paisaje de ensueño, un mirador natural es el hotel Alto Calafate, cuya arquitectura, construida con los nobles materiales de la zona, se asienta en lo que fuera la estancia 25 de Mayo, propiedad de una familia pionera de la región. |
La decoración interior está en sintonía con los colores de la naturaleza. En el lobby, predomina la madera en los muebles y los pisos, destacándose las columnas revestidas en cuero, piedra y alpaca. Es aquí donde aguardan los huéspedes, por la mañana, la salida de las excursiones a los glaciares. Luego, por la tarde, se convierte en un punto de encuentro para la lectura o en el espacio ideal para disfrutar, con una copa de vino, del atardecer sobre los cerros.
El jardín de invierno, de estilo inglés, invita a tomar el té saboreando la repostería elaborada en el hotel. En el menú se ofrece el mate, infusión característica de la Argentina. Este lugar es también excelente para recibir el día. Los madrugadores pueden apreciar, al amanecer, cómo los rayos del sol ingresan por los grandes ventanales y compiten con el tono rojizo de las paredes.
En las habitaciones, a tono con la estepa, las cálidas alfombras armonizan con las cortinas ocres. Quienes eligen esta vista, lo hacen pensando en tomarse un tiempo junto a las ventanas. Así descubren la vegetación de la zona: las matas negras, el famoso calafate y los despeinados coirones. En el parque, no es extraño observar a las rápidas liebres y a sus cazadores, los zorros. Por el cielo, sobrevuelan los chimangos, los caranchos, los halcones y las águilas moras.
En este paisaje de inmensidad, de tanto en tanto, sorprende un cóndor, un detalle que, seguramente, hará más inolvidable esta visita a los confines del hielo. |