Los despertares son de ensueño en la península de San Pedro. Bien temprano en la mañana, con la ayuda del sol, las siluetas de montañas y árboles se dibujan en el lago. La ciudad de Bariloche está cerca, pero en este lugar a 23 kilómetros de la “capital” de la Patagonia no se oye el ruido de un solo auto. Nada más que el canto de los pájaros y el sonido de las ramas sacudidas por el viento. |
Esa calma le da un encanto especial a Aldebarán, un hotel boutique que a orillas del Nahuel Huapi contempla la mejor cara de los cerros Capilla, Campanario y López. Madera, piedra y cuero pueblan el interior, en un estilo que mezcla lo rústico con elementos contemporáneos y objetos de diseño, en una construcción que se diferencia de las habituales de la zona. En las habitaciones, donde reina el buen gusto, se destacan los balcones y decks individuales que le permiten la entrada al paisaje. Rodeado de coihues, el hotel se mimetiza con la naturaleza.
Desayunar con mermelada de rosa mosqueta o frutos del bosque, dulce de leche y pan casero recién horneado; hacer caminatas por senderos que se sumergen en el bosque; reposar en la pileta climatizada con vista al lago o hundirse en un sillón mullido frente al hogar a leña, son algunos de los tantos gustos que uno puede darse.
Además, también es posible recorrer los sabores de la cocina regional en Sirius, el restaurante del hotel. El chef se luce con el cochinillo, el cordero patagónico y la carne vacuna preparada en el horno de barro. Platos ideales para combinar con interesantes vinos de bodegas argentinas, añejados en cava propia.
Un placer aparte es el spa de Aldebarán, un espacio para el relax que permite desplegar por completo la filosofía del hotel: integrar al huésped con la naturaleza y regalarle la paz del lugar. |